¿Por qué algunos admiran la elegancia mientras que otros la rechazan?


Algunas personas consideran la elegancia como un atributo o una cualidad que se le confiere a alguien, aunque también solemos calificar de elegantes algunos animales, lugares u objetos.


Antes de contestar a la pregunta sobre ¿por qué algunos admiran la elegancia mientras que otros la rechazan?, nos gustaría definir el significado de la palabra “elegancia”. La elegancia en la moda, el diseño y la imagen se utiliza como estándar de buen gusto que a su vez se distingue con calificativos de bello, armonioso, consistente y sencillo e incluso minimalista, entre otros. Sin embargo, el tener tantas características asociadas y diferentes significados hace que el concepto como tal se perciba como algo subjetivo.


En las personas, este concepto suele ser aún más complejo y atraer diferentes opiniones. Aunque la elegancia se encuentre conectada con múltiples cualidades asociadas a la imagen y el estilo, debemos decir que en las personas no hay una elegancia completa y real si no concuerda también con el comportamiento (es decir, que la elegancia es un comportamiento en sí mismo).


Muchas veces observamos hombres y mujeres con rostros atractivos o muy bien vestidos y, aunque nos atrae su imagen, puede que no los lleguemos a considerar como personas elegantes. Esto sucede porque no todo lo bello ni todo lo sencillo es elegante (teniendo en cuenta algunas de las cualidades a las que se asocia este concepto). También hemos conocido a personas que físicamente pueden ser vistas como menos atractivas que otras y, aun así, ser consideradas como íconos de elegancia.


La elegancia en las personas es un comportamiento que acompaña al estilo de vida y que se refuerza diariamente, y en la medida en que esto suceda irá integrándose en nuestra personalidad.


Por otra parte, existe la creencia de que la elegancia es sinónimo de lujo, calidad y delicadeza, pero al igual que en el ejemplo anterior, en las personas esto no suele ser directamente proporcional si no se acompaña con el comportamiento. El comportamiento al que hacemos referencia es precisamente el que respalda todos los atributos que se le confieren.

Siendo asociado este comportamiento a tantas características, cualidades o atributos positivos ¿por qué algunas personas la rechazarían? La razón por la cual algunas personas rechazan la elegancia, es porque han vivido malas experiencias con personas que en su apariencia suelen verse bien y que parecen tener detalles de distinción y buen gusto en su aspecto (vestir bien o estar muy bien presentadas), pero su comportamiento no coincide con los atributos o valores de la elegancia que quieren proyectar. Por tanto, su perspectiva sobre el concepto de la elegancia decae completamente.


Una persona puede tener un estilo elegante al momento de vestir y comunicar visualmente las características a las que se asocia, así como reflejar estatus, poder y prestigio. Sin embargo, puede cometer un error y caer en el riesgo de este estilo si exagera en el mensaje vistiendo de pies a cabeza con un aspecto de lujo y ostentación, o comportándose como una persona grosera, que quiere llamar la atención sin medir consecuencias y generando discordia entre la gente que la rodea.

En este punto también es importante entender que existen personas de estilo elegante que en su manera de vestir, que son tímidas o que tienen algún tipo de complejo, y muchas veces por su timidez, por falta de confianza en sí mismos o con las demás personas pueden aparentar ser egocéntricas o mostrar una actitud antipática (lo cual puede ocurrir sin que realmente lo sean). Por tanto, es importante que estas personas trabajen en mejorar su autoestima, las habilidades sociales que poseen y que refuercen sus estrategias de asertividad.


En conclusión, tener una imagen que proyecte elegancia o vestir de manera elegante no es ni bueno ni malo, ya que siempre dependerá de nuestro estilo de vida, de nuestros gustos y de lo que realmente queramos transmitir a los demás. Sin embargo, es esencial compatibilizarlo tanto con la personalidad, como con la comunicación verbal y no verbal, y así evitar que otras personas malinterpreten el mensaje comunicado.


Ser elegante no solo está determinado por la ropa o por la imagen que mostramos, ya que también se determina por la personalidad y la manera de comportarnos ante los demás.


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